por Néstor Martínez.
Comentamos aquí algunos pasajes de la “Declaración de Fe” del Card. Müller, que hemos cotejado con la versión italiana para asegurarnos que no se trata solamente de la versión castellana.
Nos parece algo muy loable y necesario en orden a aportar claridad en la inmensa confusión actual.
Resaltamos sobre todo su valiente planteo acerca de lo que sucede actualmente con muchos Obispos:
“Muchos se preguntan hoy por qué la Iglesia está todavía allí, aunque los obispos prefieren desempeñar el papel de políticos en lugar de proclamar el Evangelio como maestros de la fe. La visión no debe ser diluida por trivialidades, pero el proprium de la Iglesia debe ser tematizado.”
La versión italiana es más clara, pensamos.
“Molti si chiedono oggi per quale motivo la Chiesa esista ancora se gli stessi vescovi preferiscono agire da politici piuttosto che da maestri della fede proclamare il Vangelo.”
“Muchos se preguntan hoy por qué motivo la Iglesia existe todavía si los mismos Obispos prefieren actuar como políticos más que proclamar el Evangelio como maestros de la fe.”
Con ese mismo objetivo de clarificación en mente hacemos estos comentarios.
Todos los resaltados en negrita son nuestros.
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“La diferencia de las tres personas en la unidad divina (254) marca una diferencia fundamental con respecto a otras religiones en la creencia en Dios y en la imagen del hombre.”
“La differenza delle tre persone nell’unità divina (254) segna una differenza fondamentale nella fede in Dio e nell’immagine dell’uomo rispetto alle altre religioni.”
“Diferencia” entre las tres Personas divinas no es una palabra apropiada, ya que parece apuntar más a la Naturaleza divina, respecto de la cual no hay diferencia alguna entre las Personas, sino estricta igualdad, que en Dios implica identidad.
En Ia, q. 31, a. 2, Santo Tomás se plantea la siguiente objeción:
“Los que son distintos entre sí, de algún modo se distinguen. Por lo tanto, si el Hijo es otro que el Padre, se sigue que es diferente del Padre. Lo cual va contra lo escrito por Ambrosio en I De Fide, donde dice: El Padre y el Hijo son uno en deidad, sin diferencia de sustancia, sin diversidad alguna.”
Y responde:
“La diferencia conlleva distinción de forma. En Dios hay una sola forma, tal como leemos en Flp 2,6: Como existiera en la forma de Dios. Así, el término “diferente” propiamente no le corresponde a Dios, según la autoridad citada. Sin embargo, el Damasceno utiliza el término “diferencia” aplicado a las personas divinas, en cuanto que la propiedad relativa se indica por el modo de la forma. Por eso dice que las hipóstasis no se diferencian entre sí en cuanto a la sustancia, sino en cuanto a determinadas propiedades. Pero la diferencia se toma por la distinción, como se ha dicho.”
Respecto de las Personas o “supuestos”, entonces, se ha de hablar de “distinción”, que es la palabra que usa el Catecismo en el lugar citado:
“254 Las Personas divinas son realmente distintas entre sí. “Dios es único pero no solitario” (Fides Damasi: DS 71). “Padre", “Hijo", Espíritu Santo” no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí: “El que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo el que es el Padre o el Hijo” (Concilio de Toledo XI, año 675: DS 530). Son distintos entre sí por sus relaciones de origen: “El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede” (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS 804). La Unidad divina es Trina.”
Sin duda, el hecho de incluir la referencia al pasaje correspondiente del Catecismo atenúa la posibilidad de una mala interpretación, pero habría sido preferible, pensamos, conservar el lenguaje mismo del Catecismo en la Profesión de Fe.
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“ya que Jesucristo, el Hijo de Dios, es desde la eternidad un ser con Dios, su Padre (663).”
“poiché Gesù Cristo, Figlio di Dio, dall’eternità è un unico essere con Dio, suo Padre (663)”
“Un ser”, o “un único ser”, aunque se puede entender en forma ortodoxa, es vago. De hecho, en una de las escuelas clásicas del tomismo se sostiene que en Jesucristo hay un solo acto de ser, el del Verbo de Dios, y dos naturalezas realmente distintas: la divina y la humana, de modo que la unidad de ser no arguye necesariamente identidad de naturaleza.
El Catecismo, en el lugar citado, es más preciso: una sola sustancia, que implica la identidad de naturaleza o esencia, o sea, consustancialidad:
“663 Cristo, desde entonces, está sentado a la derecha del Padre: “Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada” (San Juan Damasceno, Expositio fidei, 75 [De fide orthodoxa, 4, 2]: PG 94, 1104).”
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“La mediación de la fe está indisolublemente ligada a la credibilidad humana de sus mensajeros, que en algunos casos han abandonado a los que les fueron confiados, los han perturbado y han dañado gravemente su fe.”
“La mediazione della fede è inscindibilmente legata alla credibilità umana dei suoi annunziatori: essi, in alcuni casi, hanno abbandonato quanti erano stati loro affidati, turbandoli e danneggiando gravemente la loro fede.”
Parece excesivo. La Iglesia no deja de ser intrínsecamente creíble ni deja de ser mediadora eficaz de la fe por la mala conducta de sus miembros. Suena un poco a pelagiano, como si el éxito final de la obra de Dios dependiese en última instancia de nosotros.
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“Por eso, las Sagradas Escrituras, con respecto a la recepción de la Sagrada Comunión, advierten: «’El que come del pan y bebe de la copa del Señor indignamente, es reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor’ (1 Co 11,27). (…) De la lógica interna del sacramento se desprende que los fieles divorciados por lo civil, cuyo matrimonio sacramental existe ante Dios, los otros Cristianos, que no están en plena comunión con la fe católica como todos aquellos que no están propiamente dispuestos, no reciben la Sagrada Eucaristía de manera fructífera (1457).”
“«chiunque mangia il pane o beve il calice del Signore in modo indegno, sarà colpevole del corpo e del sangue del Signore» (1Cor 11, 27),(…) Dalla logica interna del sacramento si capisce che i divorziati risposati civilmente, il cui matrimonio sacramentale davanti a Dio è ancora valido, come anche tutti quei cristiani che non sono in piena comunione con la fede cattolica e pure tutti coloro che non sono debitamente disposti, non ricevano la santa Eucaristia fruttuosamente (1457)”
Dice poco. Recibir la Eucaristía en pecado mortal es otro pecado mortal, un sacrilegio.
Es cierto que cita el texto paulino que habla de ser “reo del cuerpo y la sangre del Señor“, pero eso mismo debería haber llevado, pensamos, a concluir que recibir la Eucaristía en pecado mortal es culpable, es otro pecado, y no solamente a que es “infructuoso“.
El caso es que el numeral citado del Catecismo no dice nada al respecto:
“1457 Según el mandamiento de la Iglesia “todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar, al menos una vez al año, fielmente sus pecados graves” (CIC can. 989; cf. DS 1683; 1708). “Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave que no comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental (cf DS 1647, 1661) a no ser que concurra un motivo grave y no haya posibilidad de confesarse; y, en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes” (CIC can. 916; CCEO can. 711). Los niños deben acceder al sacramento de la Penitencia antes de recibir por primera vez la Sagrada Comunión (CIC can. 914).”
Pero en el n. 1385 lo dice con las palabras mismas de San Pablo:
“1385 Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia: “Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo” (1 Co 11,27-29). Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.”
“Castigo” se traduce otras veces por “condenación“, el original griego, διακρίνων (diakrinon), puede traducirse como “juicio“.
Por otra parte, para algunos casos tal vez diga demasiado, que son los casos de los que se acercan a comulgar en estado objetivo de pecado grave pero con conciencia invenciblemente errónea al respecto.
El loable fin del Card. Müller, que es el de todos los que aspiramos a que vuelva a brillar claramente en la Iglesia la doctrina ortodoxa, exige a nuestro juicio el restablecimiento del primado teológico y filosófico de Santo Tomás de Aquino.
Blog No sin grave daño (InfoCatólica) el 10.02.19 a las 2:47 PM

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