Mons. José M. Arancedo.
Celebramos este domingo la Solemnidad de Cristo Rey, con la que se concluye el ciclo ordinario de la liturgia. Comenzamos el próximo domingo el tiempo de Adviento en preparación a la Navidad.
El Reino de Cristo no se establece sobre criterios de poder y dominio, sino sobre la realidad de un don que se ofrece a nuestra libertad. La fuente de este don es Jesucristo, que ha sido enviado por Dios para que inaugure con su Persona su Reino entre nosotros; el destinatario de este envío es el hombre, su finalidad es la transformación del mismo hombre y, desde él, todas las relaciones humanas y sociales en el mundo. Somos invitados a participar en este Reino que no es una idea o una utopía más, sino la presencia y el encuentro vivo con Jesucristo que se nos presenta como “camino, verdad y vida”. Este Reino de Cristo, se convierte en un principio dinámico en la historia que tiene su origen en la Pascua, y camina hacia una plenitud que será el encuentro definitivo con Dios, y que responde a su vocación trascendente. Hablar de la vida eterna como sentido último y vocación del hombre es conocer su verdad y comenzar a vivirla como don en el hoy de nuestras vidas.
Cuando Jesucristo le responde a Pilato y le dice: “Mi reino no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido” (Jn. 18, 36), nos está dando las pautas para comprender el significado de su Reino. Es, ante todo, un Reino interior que se vive como gracia y que se convierte en fuerza que nos libera y transforma. El Reino de Cristo nace en el triunfo de su Pascua, que es la victoria de la vida sobre la muerte, de la gracia sobre el pecado, del amor sobre el odio, de la verdad sobre la mentira…., es el comienzo de una vida nueva ya en este mundo. La liturgia define al Reino de Cristo, como: “Reino de la verdad y la vida, Reino de la santidad y la gracia, Reino de justicia, de amor y de paz”. La realidad de este Reino lo vemos en la vida de tantas personas que hoy son testigos de este camino nuevo. A algunas de ellas la Iglesia las ha declarado santas, y con ello nos da la certeza que han alcanzado, después de su muerte, la plenitud del Reino.
Este reinado de Cristo que lo recibimos como un don, se nos presenta como una tarea que debemos realizar en nuestras vidas y en la sociedad. El Catecismo de Iglesia Católica al hablar de la exigencias del Reino de Dios instaurado por Jesucristo, nos lo presenta como un camino que estamos llamados a recorrer: “La transformación de las relaciones sociales, dice, según las exigencias del Reino de Dios, no está establecida de una vez por todas, en sus determinaciones concretas. Se trata, más bien, de una tarea confiada a la comunidad cristiana, que la debe elaborar y realizar a través de la reflexión y la praxis inspiradas en el Evangelio” (C.D.S.I. 53). El Reino de Cristo no es un escapismo de la historia sino un compromiso con ella. No es imponer un modelo temporal que no está establecido, sino de presentar la Persona de Jesucristo como fuente que debe inspirar proyectos que hagan a la dignidad y salvación del hombre. No se trata de un proyecto político definido, sino de principios acompañados de una Vida Nueva.
Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
No hay comentarios:
Publicar un comentario