martes, 22 de septiembre de 2015

¿Quién es el más grande?

Mons. José María Arancedo
El evangelio de este domingo nos presenta de un modo claro lo que podríamos llamar la jerarquía del camino cristiano.
Los discípulos iban discutiendo entre ellos, nos dice el texto: “sobre quién era el más grande” (Mc. 9, 34). Hay algo humano en esta conversación que se repite a lo largo de toda la historia, cada uno busca ocupar el mejor lugar y tiene para ello un modo de juzgar sus actitudes. Es común en estos casos la “auto referencia” que siempre nos tiene como los primeros protagonistas. Jesucristo, en cambio, les responde de una manera distinta que los lleva, y nos debe llevar, a replantearnos cuáles son las categorías y los criterios de juicio del Evangelio, para saber quién es el primero. Nos dice el evangelio que: “llamó a los doce y les dijo: El que quiera ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos” (Mc. 9, 35). Esto puede chocar a una mentalidad ajena a los valores del Evangelio, para quien las actitudes de humildad y de servicio no son consideradas categorías superiores. 
Para comprender estas palabras del Señor es útil detenernos en la segunda lectura, la carta de Santiago, que nos habla de la sabiduría que proviene de Dios e ilumina y eleva la vida del hombre, en oposición a otros criterios que la empobrecen. Santiago parte de una realidad conocida y nos dice: “Porque donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura, y además pacífica, benévola y conciliadora; está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien” (Sant. 3, 16-17). No podemos comprender el evangelio si no lo leemos en la clave de esta sabiduría que tiene su fuente en Dios. Al decir esto no se niega el valor de nuestros criterios humanos, pero ella los abre y eleva a un conocimiento superior que da fundamento a nuevas actitudes. Al Evangelio hay que leerlo como un todo, con sus categorías y su fuerza de acción, cuya clave de interpretación es el mismo Jesucristo. La Sabiduría es un don del Espíritu Santo que actúa en nuestro interior, dando vida a estas actitudes de humildad y de servicio que Jesús nos habla en el Evangelio. El Espíritu Santo es quién convierte en gracia, en un principio de acción que hace vida en nosotros las palabras de Jesús. Esta obra del Espíritu Santo forma parte de ese “todo” con el que hay que leer y vivir el Evangelio. 
En un mundo de tantos enfrentamientos y discordias que va generando una cultura individualista de egoísmos y con excluidos, qué importante es creer y predicar el evangelio del amor y la vida, de la humildad y el servicio, como base de nuevas relaciones sociales. No se trata de una utopía sino de una realidad posible, pero que necesita de testigos que se conviertan en protagonistas ejemplares de un mundo nuevo. En esto me permito destacar hoy la figura de Francisco, que con sus gestos de sencillez, de servicio, de misericordia y alegría, va despertando el sentido y la belleza de una vida posible a la luz del evangelio. 
Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Alocución de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz para el domingo 19 de septiembre de 2015 

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