domingo, 12 de julio de 2015

Elección, envío y misión.

Mons. José M. Arancedo.
  Una constante a lo largo de la Biblia es el tema de la elección y el envío para una misión.
Podríamos decir que no hay elección sin envío, como no es posible una misión sin ser enviado. En el Plan de Dios no hay auto enviado. Hay un texto clásico de San Pablo cuando nos habla de la fe en el que nos dice: “¿cómo invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica? ¿Y quiénes predicarán, si no se los envía? (Rom. 10, 14). El envío es, por ello, un criterio de discernimiento frente a tantos predicadores que se auto proclaman. ¿Quién los envía? El origen de todo envío está en Dios que nos manifestó su amor y su misión en su Hijo. Así, cuando Jesucristo envía a los apóstoles les dice: “Como el Padre me envío a mí, yo también los envío a ustedes” (Jn. 20, 21). En estas palabras del Señor queda expresada su voluntad y el camino de la misión en la Iglesia.
En el evangelio de este domingo leemos: “Entonces llamó a los doce y los envío de dos en dos” (Mc. 6, 7). Jesucristo fue construyendo con los doce una comunidad para prolongar en el tiempo su misión. San Pablo les recuerda a los Efesios esta verdad: “Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras la piedra angular es el mismo Jesucristo” (Ef. 2, 20). La Iglesia es apostólica. Francisco les explicaba esta verdad del Evangelio a los peregrinos en Roma: “Profesar que la Iglesia es apostólica significa subrayar el vínculo constitutivo que ella tiene con los Apóstoles, con aquel pequeño grupo de doce hombres que Jesús un día llamó a sí, los llamó por su nombre, para que permanecieran con Él y para enviarles a predicar” (audiencia del 16/10/13; cfr. LG.7). No podemos hablar de la Iglesia de Jesucristo si no partimos del camino que él mismo ha instituido, y nos ha dejado como lugar de encuentro y de misión.
Considero importante tener presente las recomendaciones que Jesús les hace a los apóstoles antes de enviarlos: “Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón, ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas” (Mc. 6, 8-9). El Señor les habla de pobreza y austeridad. La fuerza del evangelio es el mismo Espíritu del Señor que acompaña al misionero. Esto nos habla del espíritu de desprendimiento con el que debemos usar los medios en la evangelización. No debemos poner la confianza en instrumentos o estrategias, si no en la fuerza misma del Evangelio. Es más, diría que el evangelio se encuentra más cómodo y avanza con más libertad con medios pobres. En la espiritualidad bíblica, especialmente en los Salmos, es una constante la experiencia de que: “El Señor es mi fuerza y mi protección; él es mi salvación” (Is. 12, 2).


Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.


Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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