domingo, 19 de julio de 2015

Actitud y misión del Buen Pastor.

Mons. José M. Arancedo
Jesús nos muestra el sentido de su misión cuando nos dice en el evangelio que: “vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor” (Mc. 6, 34).
Nos habla de una actitud de compasión frente a esa gran muchedumbre, pero sobre todo marca la ausencia de un pastor. La compasión parte de un ver, de un conocimiento de la realidad que lo lleva a identificarse con ella y a comprometerse. La compasión integra el conocimiento con el amor. La compasión no es algo ciego, supone el conocimiento, pero no nos deja como espectadores de lo que vemos sino que nos mueve a responder a ese dolor o ausencia que vemos. El otro pasa a ser mi prójimo no un extraño. Pienso en la actitud del Buen Samaritano que se detuvo, no siguió su camino ante las necesidades de su hermano, las asumió.
La compasión nos habla de apertura, sensibilidad y capacidad de ponerse en el lugar del otro. A partir de ello es posible el gesto oblativo de darse y asumir el problema del hermano. Lo que se opone a la compasión es el egoísmo que nos tiene como centro excluyente de nuestra vida y preocupaciones. Nos hacemos objeto de nosotros mismos, no hay lugar para los demás. Esto lleva a un individualismo que nos aísla y empobrece espiritualmente. Jesucristo, en cambio, vio y se identificó con el dolor de su hermano, salió de sí para acompañar al otro. La compasión no es un sentimiento de lástima sino un gesto superior de la caridad. ¡Cuánta gente tiene un conocimiento estadístico de las necesidades que hay, pero que pocos se acercan al que sufre! Hablar de la pobreza es un tema sociológico e incluso ético, hablar y acompañar al pobre es un tema evangélico. Cuando san Pablo nos dice: “Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Fip. 2, 1), nos están diciendo sean compasivos con el que sufre.
La otra palabra de Jesús es que vio a esa muchedumbre: “como ovejas sin pastor”. Nos habla de una ausencia y una necesidad. ¿Qué significa la presencia del pastor para esa muchedumbre? Aquí encontramos el sentido y la misión del Pastor. Un rasgo muy importante de la presencia del Pastor lo encontramos en la lectura de san Pablo, cuando nos dice: “Porque Cristo es nuestra paz: él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba” (Ef. 2, 14). La paz es misión del auténtico Pastor. Esto lo vemos muy claro hoy en el testimonio de Francisco. Un signo de su presencia es el encuentro, el diálogo y la solidaridad como expresión de un camino hacia la paz. A ello se opone la indiferencia que crea distancia, el individualismo que corta lazos de pertenencia, las ideologías que no parten del valor único de cada persona y el ejercicio del poder cuando no está al servicio del bien común. El Pastor no es un líder que busca adhesiones, es un testigo que valora la existencia del otro, que crea relaciones y orienta a la comunión.





Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.


Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


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