Desde el Evangelio. Madre de Guadalupe.
Mons. José María Arancedo.
Celebramos este fin de semana la 116° Peregrinación Arquidiocesana a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, bajo el lema: Madre de Guadalupe, cuida a nuestras familias. Esta celebración que cada año nos convoca es expresión de nuestra fe en Dios, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, y de nuestro amor a la Virgen María. No podemos hablar de María si no es dentro del plan Dios. Él la ha elegido para ser la madre de su Hijo. El mejor homenaje a la Virgen fue el que le dio su prima santa Isabel, cuando le dijo: “Feliz de ti (María) por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado por parte del Señor” (Lc. 1, 45).
No podemos aislar a la Virgen de este proyecto de Dios manifestado en Jesucristo. Hoy venimos peregrinando desde diversas ciudades y pueblos para agradecerle su presencia entre nosotros. Aquí en Santa Fe, a orillas de la laguna Setúbal, se dejó encontrar por la piedad de un ermitaño que nos trasmitió su amor y devoción. Eso bastó para que la fe del Pueblo de Dios reconociera, en este simple y silencioso signo un gesto de su amor maternal hacia nosotros. Desde entonces Guadalupe es un lugar de encuentro, de oración y de gracia.
El lema que nos convoca este año es la Familia. No se trata de un tema solo religioso, estamos ante una realidad que hace al bien y al cuidado del hombre. La Familia es historia, presente y profecía para la humanidad. Ella pertenece a esas realidades fundantes de la humanidad que hacen a la vida, la educación y la cultura de un pueblo. El primer Sínodo que ha convocado el Papa Francisco es, precisamente, sobre la Familia. No ver su importancia para la sociedad, como el justo reclamo a la responsabilidad política que ello implica, me atrevo a decir que es un acto suicida. Podemos hablar de rasgos que presenta la familia de hoy, y que la distingue de otras épocas, pero hay algo que es esencial y que sostiene su identidad en los cambios. La Familia no es una moda, es el ámbito primero del amor y del cuidado de la vida, de la trasmisión de valores y del sentido de solidaridad como de pertenencia. Una sociedad que no apueste y defienda a la familia, va creando las condiciones de una cultura sin referencias, raíces y afectos. Hay un sentimiento de orfandad en muchos jóvenes que es un triste testimonio de su ausencia. La Familia es la mejor inversión para alcanzar un mundo más humano y fraterno.
Pero es necesario recordar que los primeros responsables de la vida de una familia son sus mismos miembros. ¡Familia, sé lo que eres!, era el sabio reproche que san Juan Pablo II les hacía. A pesar de las señales de crisis de la institución familiar, nos dice el texto de preparación al Sínodo: “el deseo de familia permanece vivo, especialmente en los jóvenes”. La conciencia de este hecho, que tiene sus raíces en el designio creador de Dios y en la experiencia de la humanidad, ha llevado a Francisco a proponerla como tema: La Vocación y la Misión de la Familia en la Iglesia y en el Mundo contemporáneo. La familia no es algo mágico que aparece, sino una obra que siempre la debemos cuidar y construir. Esto queremos pedirle a nuestra Madre en Guadalupe, en nuestro caminar como Iglesia hacia la celebración del próximo Sínodo de la Familia.
Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispado de Santa Fe de la Vera Cruz
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