Para mí con algunas sorpresas. No por la ratificación, iba a ser muy duro que se cargara a alguno de los que eligieron los obispos, sino por varias elecciones.
En Argentina el primer elegido fue el obispo auxiliar de Bahía Blanca, un auxiliar superando a Arancedo, presidente de la Conferencia Episcopal y al cardenal Poli, arzobispos de Santa Fe y Buenos Aires, no deja de ser extraño. El primer sustituto es el arzobispo de Corrientes y el segundo el de La Plata. Si monseñor Stanovnik es de absoluta bergogliana, monseñor Aguer pasa por lo contario. Me asombra que en una Conferencia Episcopal creada por el Papa Francisco en notabilísima proporción pese a todavía no haber transcurrido dos años de pontificado la presencia de Aguer, a quien no pocos daban por sollevato, no deja de sorprender.
En Chile, el primer elegido fue el obispo de Punta Arenas, por delante del cardenal Ezzati, que además es presidente de la C.E. El suplente es el recién nombrado obispo de Melipilla, antes auxiliar de Santiago, del que tengo óptimas referencias.
Méjico también depara sorpresas. Por votación ésta es la lista: Obispo de Tihuacán, arzobispo de Méjico, obispo de Toluca y arzobispo de Guadalajara y presidente de la conferencia episcopal.
En Estados Unidos, barrida conservadora: Kutz, Chaput, Di Nardo y Gómez. El primero de los sustitutos es el recién nombrado, y contestado en los ambientes tradicionales, arzobispo de Chicago, Cupich, pero el segundo es el arzobispo de san Francisco, Cordileone, tan bueno o mejor que los cuatro primeros, que son todos excelentes.
En Austria no ha salido Schönborn, cardenal arzobispo de Viena. Tal vez porque aquellos obispos suponen que le nombrará el Papa. Pero votarle no le votaron.
De Francia tenemos una situación curiosa. Lo que queda del catolicismo francés, casi nada, es ya mayoritariamente tradicional pese a un nefasto episcopado. Y, además, crece. Los obispos, salvo excepciones, son reliquia del peor pasado, el que hundió a la religión en Francia, aunque ahora estén más moderados. L elección recayó en esos, que todavía son la mayoría de un episcopado que tiene unos fieles en otra línea. La renovación episcopal que estilo yenka se venía produciendo ha conseguido colocar, de primer suplente, a un buen obispo. El de Ajaccio.
En Holanda no ha habido duda. Lo que queda de catolicismo allí es casi nada. Y todavía no está conociendo el resurgir de Francia. Pero al Sínodo han enviado lo mejor que tienen. Que es bueno. El cardenal Eijk.
Ya habíamos comentado aquí los resultados españoles. Sorprendentes también. El primer votado por sus hermanos fue el hoy cardenal electo Blázquez, presidente de la C.E. La primera sorpresa vino en que el obispo de Bilbao, monseñor Iceta, fue el segundo elegido. Y ya lo que no nos esperábamos nadie es que el tercer puesto estuviera discutidísimo y que lo ganara, tras ausencias justificadísimas pero que se produjeron, Don Carlo Osoro frente al obispo de Alcalá monseñor Reig. Me explico, que aquí no estamos como en caballería. A mí no me sorprende nada que mi arzobispo, titular de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, sea elegido por sus hermanos para acudir al Sínodo del próximo otoño. Lo que me sorprende es que el obispo de Bilbao le supere en votos y que el de Alcalá estuviera a punto de dejarle en España. Creo que es cosa que Don Carlos, mi arzobispo, debería valorar. El suplente, por lo dicho, ha sido monseñor Reig.
Y sorprendente también lo ocurrido en las antípodas. Los neozelandeses no han elegido como su representante en el Sínodo al cardenal electo Dew, pese a ser el presidente de la Conferencia Episcopal. Ha quedado de sustituto. Pues dado el concepto, muy malo, que tengo de Dew, me alegro mucho.
Queda por conocerse la ratificación de otras muchas conferencias, algunas muy importantes, pues para otro capítulo. El de hoy no me ha dejado con mal sabor de boca.
Fuente: La cigueña de la Torre. Blog de Infovaticana.
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