miércoles, 27 de febrero de 2013

"La propia Iglesia tiene que anunciarse a sí misma el Evangelio" (I)


por José Manuel Vidal. Felicísimo Martínez (foto) es un teólogo grande pero humilde, dominico, profesor catedrático del Instituto Superior de Pastoral de la Pontificia en Madrid, y con una extensa obra. Sus últimos libros versan sobre antropología teológica y sobre la misión de la Iglesia en tiempos de crisis.

Es un hombre profundo, crítico, lúcido y ponderado, al que avala su recorrido.
Sobre la renuncia de Benedicto XVI, comenta que "nos parecía que el Papa tenía que ser papa hasta la muerte por dogma, ahora sabemos que no es por dogma, sino por tradición o disciplina", y añade que "ojalá cardenales y obispos empezaran también a renunciar, porque el liderazgo de la Iglesia tiene que bajar la edad".
En cuanto a la sociedad actual, el Padre Felicísimo apunta: "tengo la impresión de que la soledad se está convirtiendo en una verdadera enfermedad social", y concluye afirmando que "si nos olvidamos de los pobres, en la Iglesia no hay Evangelio".
¿Qué te ha parecido la renuncia papal?
No me ha parecido un bombazo tan grande. Ya al final del pontificado de su predecesor Juan Pablo II hubo una especie de debate público sobre si su sufrimiento era bueno para el magisterio de la Iglesia y para el testimonio, o si no lo era. El entonces cardenal Ratzinger ya adelantó que no estaría fuera de tono que un papa pudiera renunciar por motivos de salud.
¿En el momento en que se estaba haciendo el panegírico y la loa del sufrimiento de la cruz?
Exactamente, lo hizo cuando unos creían que el sufrimiento (patente ante las cámaras) de Juan Pablo II era el gran testimonio de la Iglesia para el mundo, mientras que otros intentaban distinguir claramente lo que es un testimonio de lo que es un gobierno, la gestión de la Iglesia.
¿Hay que distinguir entre gobernar y reinar? Porque está claro que Juan Pablo II no pudo gobernar durante sus cinco últimos años.
Claro.
Sin embargo, Benedicto XVI ha decidido gobernar y no reinar.
En mi opinión personal, en este sentido estoy sumamente impresionado, positivamente, por la renuncia de Benedicto XVI. Creo que es un gesto con muchas ventajas, porque es un gesto testimonial de él (en el sentido de que, para gobernar la Iglesia, se necesita cierta calidad incluso física), y por otra parte demuestra el coraje y la valentía que ha tenido de desmitificar ciertas tradiciones que no son Tradición, aunque llevaran 6 siglos de acumulación. Y me parece que esto es extraordinario, un símbolo de salud para la Iglesia. Y, en tercer lugar, a mí me parece que es muy importante distinguir el testimonio personal de lo que es el gobierno. El gobierno requiere lucidez, fuerza, dominio de la situación... Y el testimonio también tiene validez cuando un papa renuncia, con un gesto de humildad.
¿Dos salidas completamente distintas?
Sí, y las dos tienen su parte positiva, pero yo, desde el punto de vista del gobierno, estoy más con ésta que con la anterior. El testimonio es siempre un valor enorme en la Iglesia, pero desde el punto de vista de lo que es un gobierno (porque el Papa es el que de alguna forma tiene a sus espaldas el gobierno de la Iglesia), se requiere lucidez. Si a esto añadimos que la Iglesia, como cualquier grupo, también tiene su componente institucional, sociológico, con sus conflictos y fuerzas de poder interno, con mucha más razón, quien gobierna la Iglesia tiene que estar en condiciones de gestionarla.
¿Le echó la Curia? ¿Cree que fue determinante que le hayan traicionado desde tan cerca?
No me atrevería a decir nada de eso, porque para eso hace falta estar dentro, no lo sé. Lo que sí me parece es que las características de este papa eran más bien intelectuales, de pensamiento, pero en el gobierno hay dos cosas: las ideas, y los conflictos de poder. Yo creo que este papa estaba mucho más de parte de la reflexión, de las pautas teológicas de la Iglesia... Y es posible que, en el ámbito interno de la Curia, no tuviera todo bajo control.
¿Se puede evitar esos conflictos de poder en una institución "humano-divina"?
No. Siempre habrá. Yo soy dominico y por tanto me muevo en el ámbito comunitario, en micro-escala, y tengo que decir, sin ningún rubor, que en nuestras pequeñas comunidades el ámbito de conflicto está siempre presente. A veces se procesa evangélicamente, y entonces podríamos decir que el conflicto es motivo de crecimiento cristiano; y a veces no tan evangélicamente, y esto es lo que preocupa. A mí no me preocupa en absoluto que en la Iglesia haya conflicto, sino cómo se procesan esos conflictos. El Evangelio está lleno de conflictos, y Jesús no es ajeno, ni mucho menos, al conflicto. El tema es cómo se gestiona. Yo creo que hay dos formas de gestionar el conflicto. En los conflictos de fidelidad, no hay más remedio que seguir adelante, a pesar del conflicto. Y luego están los conflictos de poder, y esos sí que creo que son anti-evangélicos. La cuestión es por qué hay conflicto, y de qué calibre es.
¿Y no cree que, en este caso, el Papa se ha encontrado con un conflicto de fidelidad, y también con un conflicto de poder?
Sí, ésta es la situación, aunque no estoy dentro de la Curia y siempre lo tengo que poner como una hipótesis. Pero ésta ha sido su decisión, y a mí me parece que es muy digna.Creo que Benedicto tenía claro que es necesario depurar ciertos borrones y puntos negros de la Iglesia en este momento: temas económicos, de abuso sexual, manipulaciones en la Curia... Y que, por motivos de salud o por los motivos que sean, cree que no está en condiciones de enfrentarse a ellos. Me parece lógico que quiera que venga alguien más joven, con más fuerza y con mejores condiciones físicas y mentales para enfrentarlo.
Habló de cansancio físico, pero también de "cansancio espiritual". ¿Cómo interpreta usted eso?
Probablemente lo interpretaría como que hay un momento en que al agotamiento en el gobierno tiene que ser enorme, sobre todo cuando uno trata de insuflar espíritu evangélico o categoría cristiana en la gestión, y ve que fuerzas externas (o internas) se oponen. Entonces, creo que en ese momento aparece la expresión de "no puedo más, que lo haga quien pueda", de optar por el retiro y la oración por la Iglesia, sin hacer interferencia.
¿Será el Papa de la renuncia, o deja más legado?
No sé lo que quedará de este Papa, porque hay un contraste grande entre la imagen del cardenal de la Congregación de la Fe (que no ha desaparecido, ni siquiera el papado la ha borrado), y después la figura de un papa que no se corresponde (en su actuación, en su pose, en su postura...) con aquel estereotipo. Entonces, no sé qué va a prevalecer.
¿El papado dulcificó su imagen?
Sí, dulcificó el estereotipo del hombre prepotente de la ortodoxia, perseguidor de herejes, etc. Pero resulta que después, en sus poses mediáticas y en su discurso parece que no ha aparecido este estereotipo, sino que ha dado la imagen de un hombre humilde. Entonces, creo que van a prevalecer algunos apuntes frente a los grandes problemas que tiene la Iglesia en el ámbito de la política, de la economía y de la moralidad, porque, frente a estos tres ámbitos, él si ha tenido declaraciones de valentía. Que después haya podido enfrentarlas o no en el gobierno, no lo sé. Y creo que quedará la renuncia como un gran bien ofrecido.
¿Va a marcar un antes y un después?
Sí. No va a quedar solamente la renuncia, pero desde luego que va a ser "el papa que renunció".
¿Puede que el gesto descienda en la jerarquía? Es decir, que muchos obispos y cardenales empezaran a renunciar también.
Ojalá, porque es un clamor generalizado que el liderazgo de la Iglesia tiene que bajar la edad. No es un clamor solamente de no creyentes, agnósticos o ateos, y no es un simple agravio comparativo con la sociedad civil, que tiene un gobierno con edades mucho más bajas; es un clamor también interno, a nivel de Iglesia. En este sentido, creo que la renuncia puede ser un espaldarazo grande para que la propia Iglesia considere que no es cuestión de resistir hasta la muerte (esa expresión que se ha sacralizado demasiado), sino resistir mientras uno es útil al Evangelio.
Tras la continuidad de Juan Pablo II y Benedicto XVI (que fue su ideólogo), ¿empieza una nueva época en el papado? ¿Podría ser el momento de un papa africano, latinoamericano o asiático?
No creo que empiece una nueva época. Generalmente, cuando llega un cónclave, al cónclave llegan los electores que han configurado la etapa anterior.
¿Porque han sido nombrado por los dos anteriores?
Claro. En ese sentido, es difícil pensar que en la Iglesia aparezca una ruptura de la noche a la mañana. Otra cosa es que cambie un poco la dirección.
¿Se contentaría usted con un cambio así?
Yo igual no. Yo me contentaría con una decisión como la de Juan XXIII, que de la noche a la mañana convocó un Concilio y sorprendió a todo el mundo. Pero estoy hablando de lo que suele acontecer, no de lo que me gustaría.
¿Eso sí fue una absoluta ruptura?
Sí, sorprendente. Una ruptura que no fue preparada a base de nombramientos, sino una ruptura que salió de un anciano profeta que actuó con el Espíritu Santo. En ese sentido, creo que hay una diferencia notable entre lo que puede suceder en un cónclave al que llegan electores que han sido nombrados por el período anterior, y lo que sucedió con Juan XXIII que, para sorpresa del mundo entero, convocó el Concilio.
¿Está la Iglesia preparada para asumir un papa latinoamericano o un papa negro?
Creo que sí, que la Iglesia está totalmente preparada para que el papa, ni tenga que ser italiano, ni tenga que saber latín. De lo que no estoy seguro es de que el hecho de que un papa sea blanco o negro condicione notablemente la naturaleza del papado. Tampoco estoy convencido de que el hecho de que un papa sea de África o de Estados Unidos condicione totalmente el papado. Hoy en día, dentro del episcopado, hay muchos cardenales en los que prevalece la lealtad institucional sobre su condición nativa.
¿O sea que el problema no es el papa, sino el papado?
Sí, el papado tal y como está pensado, y el tono en que el papa desarrolla ese ministerio (que, ciertamente, estará condicionado por todas las pequeñas tradiciones que influyen en él). Por eso a mí me parece tan positivo que este papa haya roto una de esas tradiciones pequeñas, de que el papa no podía renunciar, en libertad y públicamente.
¿Se desinfló en las Conferencias Episcopales la colegialidad pedida por el Vaticano II?
Está a media asta, sí. Creo que es una de las asignaturas pendientes del Vaticano II, que no ha conseguido madurar. Es una fruta todavía verde.
¿Ni siquiera el Sínodo de los obispos ha cambiado un poco eso?
Es una cosa pendiente, como que la mayor parte de los cuerpos en vez de ser decisivos y deliberativos son consultivos, con lo cual, siempre la decisión queda pendiente de la cabeza. La promesa del Vaticano II a las iglesias locales ha quedado también pendiente.
¿Ha pasado algo parecido en las órdenes religiosas, o seguís funcionando con la misma democracia interna?
Yo soy dominico y estoy muy contento de serlo, como supongo que los demás también están muy contentos de ser jesuitas o claretianos. Ciertamente, una de nuestras características es la agilidad con la que se cambian los gobiernos o dimiten las personas, y la facilidad con la que se mueven las instituciones. En este sentido, es verdad que no hay tanta sacralidad de los cargos como acontece en la Iglesia institucional. Por ejemplo, tuvimos un maestro general que terminó y se fue a cuidar a su madre en Irlanda.
¿Planteas en tu libro cómo puede la Iglesia volver a conectar con el mundo moderno?
Sí. El libro está pensado no sólo para la comunidad cristiana, sino para cualquier hombre o mujer de buena voluntad. En este sentido, la gran pregunta hoy día no es solamente cómo gestiona la Iglesia el trabajo con sus asambleas y grupos, sino cómo gestiona el trabajo pastoral frente a los alejados, los no creyentes... la gente que está buscando sentido en las religiones, la sabiduría o lo que sea. El libro está pensado en esa dirección, y en ese sentido, una de las preocupaciones pasa por saber si la Iglesia tiene oído suficiente para escuchar al mundo. Escuchar al mundo no significa ni aplaudirle, ni perseguirle inquisitorialmente, sino colocarse neutralmente a ver qué dicen las personas, la cultura, el mundo. Por qué lo dice y cuáles son los valores que propone, etc. No ver sus errores o cuáles son sus herejías.
¿No está la jerarquía católica como encapsulada, sin demasiado contacto con la realidad como para poder escuchar? ¿No parece a veces que incluso los párrocos viven en otro mundo?
Si nos dejamos encapsular completamente es imposible escuchar, porque lo único que escucharemos, en todo caso, serán los ecos del mundo transmitidos por la gente que nos rodea, y que normalmente nos tiene una cierta lealtad, y no se atreverán a decirnos las aristas y estridencias que vienen de fuera.
¿Aduladores?
Sí, en muchas ocasiones. Ahora bien, también hay otra forma de ser párroco o ser obispo. Por ejemplo, me da la sensación que cuando habla Carlos Amigo, sí responde a algo que ha dicho el mundo, no que ha escuchado en el palacio episcopal o en la catedral. Esto, lo que nos muestra, es que depende claramente de las actitudes personales. De a quién se escucha.
¿Les falta ir al mercado, ir en metro, hablar con sus sobrinos... y ese tipo de cosas que son las que te hacen vivir la experiencia de los comunes mortales?
Efectivamente. Les falta escuchar. Creo que hay dos formas de estar en la familia, dos formas de presencia de los sacerdotes en su propia familia: los que modestamente se colocan y escuchan a los sobrinos, y los que magisterialmente van a enseñarlos. Ésta segunda postura es la que provoca, lógicamente, la reacción negativa. Escuchar significa estar callado y dejar que el otro hable. Y, si uno no entiende bien, en lugar de condenar, preguntar.
(continuará).

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